el camino

"¿Adónde te crees que vas
Y de dónde crees que vienes?"
Preguntaba el viejo al verme marchar
Muerto de hambre y sed
"Si no tienes rumbo
Chico, estás perdido"
Yo le respondí "voy hacia el sol
Y vengo del camino"

jueves, 10 de diciembre de 2009

Y me eres ahora la vida

Ni siquiera me has dicho tu nombre,
no sé quién de los dos
dijo algo, hizo qué;
formas parte del ser de la calle,
de otro hombre, del esfuerzo de andar.
Casi nada conozco de ti
y me eres ahora la vida


Jordi Virallonga. Crónicas de usura

TE DIJE QUE NO APOSTARAS A ESE CABALLO

Una mujer fea tiene dos opciones: matarse o hacerse a un estilo. Lo peor que puede hacer una mujer fea es fingir que no lo es, es casi tan malo como no ser bella del todo. Son la clase de cosas que descorazona a los tipos simpáticos. No es que una mujer fea sea incapaz de verse bella alguna vez. Pero no le conviene. Una vez adquieres estilo va contigo siempre. Planear la belleza es complicado y sostenerla un verdadero lío. No en vano las bonitas se suicidan más a menudo. La belleza no es un estilo pero lo suple bastante bien, hasta que se pudre. La fea, en el peor de los casos, sólo puede ser más fea y eso es un avance en cierto sentido. La belleza corre todos los riesgos y no tiene coartada.

Efraim Medina Reyes, Pistoleros, Putas y Dementes (Greatest Hits), 2005.

Desaparecidos

Desconocer en qué lugar tus huesos
regresaron al vientre de la tierra
y son raíz y magma o en qué aguas
el sueño de tu muerte está meciéndose
aún entre almohadas de junqueras
y besos de libélulas, ya no
me muestra aquellos cuervos que atraviesan
sin graznido los cielos de mi estancia,
sino ojos de crisálidas que se abren
para que alcen el vuelo amaneceres
de mariposas, de oros y lucernas,
respirando, por fin, cualquier lugar
que tú hayas respirado.

AQUÍ CONTEMPLO VIDA...

Aquí contemplo vida, me hago llama
de esta hoguera de manos que levanta
sus negras lenguas a lo alto, siento
que soy un hombre más entre los hombres,

y un vestido de angustias me abandona
sencillamente, así la noche deja
desnuda el alba y libre, aunque con frío,
cuando lejanos sones la presienten,

frío tengo en el alma, pero canto,
ahora que estoy aquí de nuevo y veo
tanto gozo y dolor, tanta miseria
y tan clara esperanza compartida.

Quiero contarte cosas que me pasan...

Quiero contarte cosas que me pasan.
Cuando digo me pasan tiemblo, Rosa,
porque «me pasan» dice muchas cosas.
Esto de las palabras, Rosa, siempre
induce a confusión. Hablo, tropiezo,
caigo, me repongo, vuelvo a caer.
Hablar, Rosa, es darse trompicones
de palabra en palabra. La lengua dice
cosas que no quisiera, a tientas anda.
¿No ves, Rosa, que hablando, como hablo,
caigo en lo mismo y a lo mismo vuelvo?
Cosas que pasan. Te diré que anoche
ardieron los rastrojos, una hermosura
de fuego que en festones se corría
de gozo, dando saltos, crepitando,
la llama daba brincos, le ponía
un rostro diferente a los contornos,
sorprendida la noche en sus silencios
por la herida que abría en sus costados
la navaja de las llamas alegres.
Era una fiesta de purificación.

Poema de José Antonio Muñoz Rojas